por Rachel Kresina
"¿Hoy no tuvieron clases?" La pregunta común me la hace una enfermera con la que me encuentro en el elevador. Sonrío y pacientemente comienzo una vez más a explicar: "Bueno, es que en realidad, soy educada en el hogar, de manera que algunos días estudio más para otros días tener tiempo de hacer trabajo voluntario aquí en el hospital." "Ah, sí. ¡Qué maravilloso!", responde ella y salimos del elevador para seguir nuestros caminos separados.
Sí, es maravilloso ser educado en el hogar. Quisiera tener el tiempo para explicarle todas las maneras en que he sido bendecida por estudiar en el hogar. Los sacrificios y dificultades por las que pasaron mis padres para darnos el "don de ser educados en el hogar" a mi hermano Daniel y a mí han resultado en beneficios y oportunidades que estoy segura que mis padres ni siquiera imaginaron en un principio. Principalmente, la educación en el hogar ha facilitado las relaciones interpersonales, las oportunidades de educación, y un amor por aprender.
Una de las mayores bendiciones ha sido la manera en que fuimos protegidos de la confusión de una cosmovisión sin Dios en el tiempo en que todavía no teníamos el conocimiento ni el fundamento suficiente en la Biblia para poder combatirlo. En vez de ser arrastrados por la corriente de este mundo junto con todos los demás, ahora podemos ser luces en el mundo llevando el mensaje de salvación por medio de Jesucristo a quienes nos rodean. Además, nuestras relaciones unos con otros en el hogar se han profundizado, dándonos una maravillosa vida de hogar. En verdad disfrutamos aprender juntos, trabajar juntos y, ¡simplemente estar juntos! Aunque reconocemos que el mérito es de Dios quien nos dio el patrón Bíblico para la familia. La educación en el hogar ha tenido un papel muy importante en unirnos como familia. En vez de andar por allí regados, cada uno en sus clases o actividades en una escuela, ¡hemos podido hacer tantas cosas juntos, como familia!
¡No quiero decir que no tengamos actividades fuera del hogar! De hecho, la educación en el hogar ha realzado en vez de impedido, nuestra vida social y oportunidades de aprendizaje puesto que no estamos atados por un horario escolar. Podemos aprovechar las oportunidades para interactuar con personas de todas las edades, y participar en muchas actividades diversas. Estas oportunidades han sido desde dar una clase Bíblica a niños hasta encargarme de la granja lechera de mi tío por un par de semanas mientras él y su esposa se iban de vacaciones. Mi hermano ha podido aprender varias habilidades útiles, tales como carpintería, mecánica automotriz, colocación de losetas y la construcción de muros de piedra al ayudar a varios de nuestros conocidos en sus proyectos y trabajos. Aunque no necesariamente los utilice como vocación, uno nunca sabe cuando este tipo de habilidades le serán de utilidad.
A través de la variedad y flexibilidad de la educación en el hogar, hemos adquirido un verdadero amor por el aprendizaje y la habilidad para aprender por nuestra cuenta y de la manera que creamos más conveniente y efectiva. Aunque yo considero ésta una de las principales habilidades que aprendí de mi experiencia siendo educada en el hogar, no fue algo que descubrimos de inmediato. Hasta el tiempo en que comencé la preparatoria, Mamá era la que había estado organizando y planeando nuestro trabajo académico. Sin duda estábamos recibiendo una buena educación, y disfrutando la mayor parte de la experiencia pero no habíamos entrado al pleno deleite de la educación en el hogar. Mamá estaba haciendo un trabajo admirable, pero a veces se sentía frustrada y desanimada mientras trataba de hacernos aprender. Luego ella y Papá decidieron que ya era tiempo de que nosotros comenzáramos a tomar las riendas de nuestra propia educación con mayor firmeza. Mamá y Papá asumieron el rol de supervisores, para asegurarse de que nos dirigiéramos en una dirección correcta, pero a Daniel y a mí se nos dio la libertad de escoger nuestros propios rumbos.
Hemos adquirido un verdadero amor por el aprendizaje.
¡Nuestra educación en el hogar adquirió una nueva dimensión! Aunque todavía estábamos aprendiendo las materias fundamentales, Daniel y yo, comenzamos a enfocarnos en nuestras áreas de interés y habilidad. ¡Fue realmente emocionante! La libertad que se nos dio resultó en la creación de nuestras propias rutinas y metas. Básicamente, estábamos por nuestra cuenta, estudiando cuándo y dónde queríamos. Ya fuera que me llevara el libro afuera a la hamaca, me extendiera sobre mi cama a estudiar o dejara el libro en los estantes mientras me ponía a trabajar en el jardín, disfrutaba de estar encargada de mi propia educación. ¡Sucedió una cosa asombrosa! En vez de flojear en las materias que no me gustaban, trabajaba en ellas con más perseverancia que antes, porque yo misma había decidido que ese conocimiento me iba a ser útil, ya sin que mi Mamá me tuviera que obligar. No es que antes resintiera la supervisión de Mamá, ni la resentía ahora, sin embargo me sentía bien sabiendo que ahora yo era responsable de trazar mi propio rumbo. Comprendía que estaba siendo preparada para la vida de una manera más profunda que lo que se aprende de libros- estaba aprendiendo como aprender.
Una de las mejores cosas que hicieron nuestros padres fue alentarnos a amar y disfrutar la lectura de buenos libros.
Conforme inicio mis últimos años de bachillerato, mi aprendizaje se hace menos estructurado pero permanece igualmente provechoso. Comencé a dedicar más tiempo a aprender habilidades útiles, a veces escuchando un libro en audio, si el proyecto lo permitía. De esta manera he podido explorar diversas áreas de la historia, he escuchado algunas de las grandes obras literarias y disfrutado de las biografías de hombres admirables, todo esto mientras desarrollaba mis habilidades prácticas.
Una de las mejores cosas que hicieron nuestros padres fue alentarnos a amar y a disfrutar la lectura de buenos libros. Cuando éramos pequeños, Mamá utilizaba cada rato desocupado para leernos algún libro, inclusive durante algunas comidas y paseos en el auto. Nuestra dieta literaria incluía libros de historia y ciencias, así como libros clásicos cómo La Casita en la Pradera, Ana de las Tejas Verdes, y obras por Louisa May Alcott, Charles Dickens, y Shakespeare.
Esta exposición a grandes libros, pienso que ha sido un factor primordial en mi amor por escribir, ¡un amor que por un tiempo largo, estuvo totalmente latente! Cuando era más pequeña, detestaba escribir. ¡Muchas de las sesiones de revisión de mi escritura que tenía con Mamá terminaban en lágrimas y frustración! Afortunadamente, aunque Mamá se aseguró de que aprendiera gramática y los principios de una buena redacción, y aunque tuve que hacer algunos pocos proyectos de redacción, ella muy sabiamente evito abrumarme con mucho trabajo por escrito.
Logré superar la barrera como a los 9 años de edad cuando Mamá me pidió escribir un reporte de un libro emocionante acerca de Annie Oakley, la famosa tiradora. De alguna manera este reporte me salió bien, comparado con mis trabajos anteriores. Estaba emocionada por los abundantes elogios de mi Mamá. ¡Le hicimos una cubierta especial y mi Opus Magnum estaba terminada! Poco tiempo después escribí otro reporte, ahora de la biografía de Tomás A. Edison, ¡con resultados similares! De esta manera, una estrategia flexible ganó la batalla, y comencé a realmente disfrutar escribir. Conforme continué poniendo más esfuerzo y entusiasmo en ello, mi trabajo fue mejorando. ¡Desde entonces la redacción y la composición han sido mis materias favoritas!
Desde finales de 2001 he estado co-editando una revista para señoritas jóvenes cristianas, Apples of Gold (Manzanas de Oro), para la cual escribimos artículos que tratan con la vida Cristo-céntrica y habilidades prácticas. ¡He aprendido tanto a través de este proyecto y he tenido el privilegio de conocer a tantas muchachas de todo el mundo! No obstante, recientemente tomamos la difícil decisión de dejar de publicar la revista al tener que dirigir nuestros pasos hacia otras actividades, pero concluyo que fue una de las mejores cosas en las que he participado hasta ahora.
La gente con frecuencia pregunta: "¿Qué piensas hacer al terminar el bachillerato?" Tengo que contestar con la verdad: "Realmente todavía no lo sé." Mientras oro más acerca de esto y exploro diferentes posibilidades. Estoy disfrutando el poder continuar con mis estudios. Parte de la belleza de la flexibilidad de ser educado en el hogar es que hay muchas opciones disponibles; siempre y cuando se esté estableciendo un firme cimiento educativo, el estudiante estará preparado para tener éxito en muchas áreas. Independientemente del trasfondo educativo de una persona, seguramente enfrentará problemas para los que no tiene una solución inmediata. Lo importante es que haya aprendido como aprender y que tenga un amor por aprender que le permitan enfrentar los desafíos de la vida.
Todo esto lo he recibido a través de la educación en el hogar, junto con relaciones interpersonales saludables y maravillosas oportunidades educativas. Sin embargo, la educación en el hogar por sí sola no produce automáticamente un joven bien equipado. Hay muchos elementos involucrados, pero al final de cuentas todos se pueden condensar en uno solo: la gracia de Dios. "Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén." Romanos 11:36
Rachel Kresina vive en Connecticut. Ella disfruta de leer, escribir (pero ¡no de la aritmética!) la jardinería, los animales, el trabajo físico extenuante, tocar el piano y jugar ping pong contra su hermano. Se le puede localizar en awordfitlyspoken@yahoo.com.
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